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Carlos Aguado

Carlos Aguado

Descripción

Carlos Aguado es un artista que se identifica siempre con los paisajes que contempla, no solo con la perspectiva, sino con los elementos que lo conforman, sean piezas esenciales por su forma o tamaño, como la vieja tapia de un caserón, o simplemente un musgo pegado a esa tapia o una mancha blanca de nieve en el sendero Se ha dicho y se ha escrito de Carlos Aguado, uno de los veteranos de la pintura de nuestro país que sabe captar lo que se oculta detrás de un paisaje, esto es que no solo pinta lo que vemos, sino lo que el artista intuye, lo que no se toca, que para algunos es también real, pero que para otros es algo propio de su escuela, que no es otra que fue la llamada de Barbizón.


La belleza de los paisajes es una plena realidad, como lo son de reales el musgo, las hierbas del camino, la tierra seca o húmeda, con unas texturas propias y muy personales, que Aguado sabe recrear con acertados toques de pincel y de paciencia, cortos a veces, minuciosos si se lo propone, pero también a veces amplios, dorados, blancos, en contraluz, para conseguir eso que decíamos antes, que logremos ver lo invisible.

Es un enamorado de la naturaleza, de los ambientes del campo en otoño, sobre todo de los de media montaña, donde puede escoger entre los variados colores de los pinares, los hayedos y los castaños, verde en pleno fulgor, que pasan a rojizos, ocres o amarillentos cuando empieza la caída de las hojas. En el Diccionario de Pintores Españoles del Siglo XX se dice de Aguado que es maestro del paisaje.

La sensación que producen sus obras es la de la calma, la de la serenidad, como si la literatura de los clásicos, de los estoicos especialmente, lleva se al amor de todo cuanto contempla, admira y luego recoge. Posee un indiscutible talante, algo que luego sabe trasladar a su pintura, sea la belleza de una tapia verde de musgos o el viejo muro que empieza a desconcharse por las mieles del tiempo. Es un pintor de enorme paciencia, quizás lento en la concepción, pero redondo en los resultados, sobre todo cuando nos encontramos con el bosque que verdea cerca de las aguas del mar, o cuando las hayas o los castaños del bosque comienzan a adoptar las caprichosas formas de un colorido esencial.

En campos cercanos a la capital ha sabido encontrar las luces del otoño, el azul de los cielos que penetran por entre las copas de los árboles, la lógica blancura de los campos nevados, y todo cuanto de visible ofrece la naturaleza a nuestros ojos admirados. Pinta lo que está a la vista, a la nuestra y a la su- ya propia, y pinta con la serenidad del sabio y el espíritu estoico que domina su paleta.

JOSÉ VÉLEZ