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Ruizanglada

Ruizanglada

Descripción

Ruizanglada, siendo yo muy niño, recuerdo que presento su segunda exposición individual y, aunque anteriormente había pintado algunas clásicas estampas taurinas al estilo de la época, en esta muestra sorprendió con varios cuadros taurinos de vigorosos colores y formas, su etapa probablemente mas expresionista, donde se interesaba por el movimiento y colorido de la fiesta, quizás con el desarraigo, la fuerza e improvisación de la juventud. Pero Ruizanglada todavía no había forjado su estilo incomparable, propio, que empezaría a nacer uno o dos años mas tarde.

     Pocos en Zaragoza no conocen su pintura y pocos son los aficionados taurinos que no han visto algunos de sus cuadros del tema de la fiesta española. Un ejemplo de ello es el cartel de toros para las Fiestas Pilaristas que hizo Diputación Provincial en el año 1.992.

      Es uno de esos artistas que durante su carrera abordó todos los campos del género hasta decantarse por un estilo propio. Quizás si no con influencias sí con respeto y admiración a pintores como Goya y El Greco, a los cuales reverenciaba profundamente. Desde el impresionismo incipiente de su carrera hasta la temática religiosa dominante al final, pasando por bodegones, paisajes y abstractos.

     En todas sus exposiciones ha figurado algún cuadro taurino; recuérdese su segunda exposición en el Palacio de la Lonja de 1.984-1.985, donde presentó todo un pasillo exclusivo de maravillosos e inmensos lienzos taurinos, y como no, la exposición taurina de la feria del Pilar de 1.986, en los salones del Gran Hotel de Zaragoza.

      Su pintura taurina nace del aficionado y observador que era. Plasmaba todos los momentos de la fiesta, desde el humo del último cigarrillo antes de hacer el paseíllo, hasta más allá del arrastre del toro. detalles, momentos que, como una cámara fotográfica, sabia captar en su mente, para luego interpretar muy subjetivamente esos instantes que pasan desapercibidos para muchos aficionados y que satisfacen a los auténticos profesionales.

     Su pintura, como su personalidad, era una mezcla entre mística y arrolladora; sus pinceladas, espontáneas y rítmicas (¡Como recuerdan al gran Goya!) se entremezclan con las transparencias, veladuras, con los juegos de blancos y grises, manchas expresionistas que pueden parecer abocetadas, pero que están plasmadas bajo una inspiración ordenada. Dentro de su amplia paleta, donde mas abundan los rojos y otros colores calientes es en su pintura taurina, posiblemente porque el tema lo requiere, aunque no por ello nos dejara de sorprender con lienzos tratados exclusivamente con su gama de blancos y grises tan personales que ya son muchos los que los califican de “ruizangladianos”.

     La luz era una de sus obsesiones. Le gustaba plasmar el movimiento, la acometividad del toro a los engaños y el gracejo torero de la escuela sevillana, manera de interpretar el toreo que le emocionaba. Y todo con su luz deslumbrante o tamizada por el juego del sol y sombra